Black Friday o por qué el dinero es de pobres

Seré sincero. He borrado todo lo que había escrito sobre el Black Friday porque, básicamente, era una bazofia. Puede que alguna cosa tuviera cierta gracia o fuera interesante, pero en el fondo era un montón de palabrería barata que me ha hecho reflexionar sobre el fin de tratar este tema. Vivimos en un tiempo en el que la vida misma se ha vuelto demasiado viral. Hasta criticar algo tan criticable como el consumismo es un tópico, a nadie le interesa. ¿Hablar de dónde viene el Black Friday? ¿Qué representa? ¿A quién beneficia? Por favor, sería caer en la trampa. Incluso ahora que las palabras se me escurren sobre un ordenador de origen asiático.

Os diré una verdad, el Black Friday será un éxito; aunque sería bonito debatir para quién. Los muchos que este viernes se gasten los euros en infinidad de artículos de toda índole no van a dejar de hacerlo por mucha crítica que se arroje sobre la campaña. Por supuesto, los opositores del Black Friday no comprarán nada, y solo a lo mejor, algunos de ellos hagan comentarios en las redes sociales para mostrar su punto de vista. Lo harán desde sus móviles y sus tablets Made in Taiwan; desde un ecocafé o chupando el wifi al vecino.

 

John Carpenter el visionario.

 

Pero bueno, no pretendo engañar a nadie. Gracias a esos mismos cacharros podréis leer estas ideas de un señor en batín. Podemos, ahora que todo lo post está de moda, hablar también de la post-originalidad. Eso es un pantalón y eso son unas gafas; sí, eso es pelo despeinado con precisión suiza y sí, todo eso solo es dinero. Eso que te hacen sentir esas cosas es solo postfelicidad. Como decía el anuncio «No es lo que tengo, es lo que soy». Quizás el primer paso sea reconocerlo. Sin sermones sobre eslabones, cadenas y capitalismo. Al fin y al cabo, puede que la hipocresía sea el último reducto de la modernidad. Conservémosla.

Ya no me queda nada más por demoler de lo que había escrito, pero tampoco mucho que merezca la pena escupir. Observo el reflejo de los rayos alquitranados del sol que entran por mi ventana revisando el texto y me siento tan absurdo como alguien que se pega por un móvil de última generación. No nos engañemos, el Black Friday es solo un espejo gigante rodeado de neones en el que vemos el reflejo de nuestras conciencias. Parafraseando a Julio Cortázar, el Viernes Negro no es un regalo del sistema, somos nosotros los regalados; a nosotros nos han elegido como regalo del Viernes Negro.

 

firma-cabronEl Cabrón de laphille
¿No le acorta la vida
tomar tanto soma?

 

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