Como en España no se come en ningún sitio

Y dicho esto, a continuación damos un palmetazo en la barra y pedimos otro botellín. Bueno, aunque suene a paletada patriotera y poco informada, y en muchos caso sea así, esta frase de ciencia cuñada tiene bastante de cierto. Y no lo digo yo, gente como el ex cocinero y afamado divulgador gastronómico Anthony Bourdain, así lo decía: España es uno de los mejores lugares del mundo para comer.

Y analizando pormenorizadamente es bastante probable que tenga razón: el recetario popular está considerado entre las grandes gastronomías de Europa y del Mundo, el alto nivel de los restaurantes top sube cada día, los productos de los que disponemos están entre lo mejorcito sino en lo más alto: ya sea en pescados, carnes, frutas y verduras; o los embutidos. Y lo que es quizás más importante, todavía a un precio asequible. En los quesos y el vino probablemente no lleguemos al nivel y variedad que disponen en Francia pero sin duda estamos muy, muy arriba. Y por último la facilidad de comer razonablemente bien y barato en cualquier punto de nuestra geografía.

Pero amigo, no todo el monte es orégano y hay ciertas cosas fuera de nuestras fronteras que ponen en duda nuestro titular de barra de bar. Y no, no hablamos de alimentos exóticos, no vamos a decir que el tofu que hay en España es una mierda o la carne de reno muy mediocre. Hablo de alimentos de consumo diario o muy común. Empecemos:

 

EL PAN: base de nuestra famosa (y probablemente falsa) dieta mediterránea cuenta en España, salvo excepciones, con un producto lamentable. La industrialización y el crecimiento de las ciudades ha sentado fatal a nuestro pan y pese a que últimamente se han puesto de moda unos carísimos y pijísimos panes en los ambientes más modernuquis, en general el pan al que tenemos acceso es de una calidad malísima, sobre todo si lo comparamos con los accesibles y ricos panes que se pueden comer en Francia o Alemania, sin ir más lejos.

LA LECHE: otro producto que pese a las alergias y las modas forma parte de nuestra dieta diaria. Por desgracia lo que aquí bebemos poco se parece a esta bebida de origen animal, qué difícil es en España encontrar leches frescas de calidad como si pueden hacer nuestros vecinos europeos o cruzando el charco con solo acudir al supermercado.

LAS FRESAS: sacamos pecho de nuestras fresas, de las que producimos ingentes cantidades. Lucrativo cultivo casi non-stop pero que deja en nuestros mercados unas fresas tan baratas como insulsas. Fresones gigantes que no saben más a que a agua y que palidecen en comparación con las pequeñas fresitas de temporada (entre abril y junio dependiendo de la latitud) a las que tienen acceso en Francia, Alemania, Polonia, Dinamarca y demás países verdes al norte de los Pirineos.

EL CHOCOLATE: este quizás no debería ser un alimento diario, pero a casi todos nos apasiona y se hace difícil pasar una semana entera sin probarlo. Prueben ustedes los chocolates que se hacen en otros países y comparen con lo que aquí tenemos.

 

LA MANTEQUILLA: denostada por los paladines de ese maravilloso constructo que es la dieta mediterránea pero elemento indispensable para muchas recetas y preparaciones, la mantequilla disponible en nuestro país es, nuevamente salvo excepciones, de una calidad bastante regulera. Prueben mantequillas británicas, francesas o irlandesas.

LAS PATATAS: probablemente sea por nuestro clima, pero a mí las patatas de más al norte me saben mejor. Con la honrosa excepción de las de la cornisa cantábrica. Una conocida cadena de hamburguesas, sí, esas que tanto le gustan al ex presidente Obama, por lo visto solo usa patatas cultivadas por encima del paralelo 42… como consecuencia de esto, también las patatas fritas (las de bolsa) son mejores en otros lugares… aunque bueno, esto no es un producto que comamos todos los días, o al menos no deberíamos.

LAS LECHUGAS: ciertamente las habrá de buena calidad pero en general las lechugas disponibles en supermercados y grandes superficies son basura. Sin sabor y sin textura. Nada que ver con las de más arriba. Probablemente, como pasa con los tomates, sea por los métodos hiperindustrializados y la selección hiperproductiva, pero son un producto bastante insulso.

EL JAMÓN COCIDO: o popularmente llamado jamón york o jamón de York. Es cierto que teniendo el mejor jamón curado del mundo tampoco nos vamos a rasgar las vestiduras por éste, pero a veces apetece y que el que tenemos en España es, en general, de todo menos jamón: fécula, azúcares, etc. En la Europa de más al norte, donde no pueden gozar de nuestros ibéricos, al menos tienen un jamón cocido que es puro jamón. Nada que ver.

A pesar de todo, lo que sigue siendo una experiencia casi medieval, es pasear por alguno de los auténticos y escasos mercados que quedan cerca de nosotros. Los olores, los gritos, los golpes de cuchillo y sobre todo sus gentes. Si es sábado y anoche se os hizo tarde buscando el amor, siempre os quedará un «brunch» en el Mercado de San Antón, solo o acompañado.

 

Y lo dejamos aquí, seguramente habrá más, y cuando salimos fuera de España, si nos deja nuestro orgullo, porque la comida de tu país es como la comida de tu madre, reconoceremos: “joder, esto está más rico”.

 

Aitor Alegría
Colaboración

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