Un Hogar Fuera del Hogar: El Bar de Barrio

Me considero un aficionado de la alta cocina, aunque admito que soy más de verla en la tele que probarla por unas lamentables restricciones presupuestarias. Siempre me dejan impresionado los chefs que convierten la humilde patata en una mini-obra de arte. Sin duda, detrás de cada plato hay mil horas dedicadas a perfeccionar el oficio de cocinero, una labor que considero representa lo que Beethoven, Picasso, o Shakespeare representaban para sus respectivas generaciones. La alta cocina de hoy en día se podría considerar como nada menos que la mayor expresión artística/cultural de nuestros tiempos. Pero a veces sólo quiero comer algo familiar, que me haga sentir bien.

Hace más o menos un año y medio que fui llevado por primera vez a La Taberna Extremeña (conocida ya por la gente de Barrio del Pilar como ‘La Extremeña), un bar de barrio como los innumerables más que hay en Madrid. Cuenta con una terraza de una fila de mesas, un ‘salón’ con 3 barriles convertidos en mesas, una cocina de 3 metros cuadros en la que ocurren milagros a diario, y un personal que transmite la calidez que se siente sentado en el comedor de tu abuela.

 

En principio, La Extremeña no tiene nada de espectacular. No se ofrecerá un foie con reducción de moras chilenas sobre una cama de canónigos traídos del bosque noruego (si es que crecen allí). Tampoco podrás pedir una deconstrucción de croquetas hecha a baja temperatura, allí las fríen en aceite como Dios manda. Comer en La Extremeña se acerca más a una experiencia familiar, y es por eso que he vuelto por lo menos una vez al mes desde el flechazo que fue mi primer día allí.

 

Si me atrevo a asemejar la cocina de David Muñoz a un fresco de Botticelli, el pincho moruno con patatas dos salsas de La Extremeña es como el arte que crea un talentoso amigo de toda la vida. Los dos son fantásticos y únicos, que existen dentro del mismo campo, pero en dos mundos muy distintos. No creo que David Muñoz recuerde a cada invitado que entra y sale de su restaurante, ni que los amigos de Botticelli tuvieran retratos pintados por él en su casa que les había regalado por su boda. En La Extremeña se disfruta de la dualidad de comer fuera de casa, pero sentirse todavía dentro de ella.

OPINIONES | LA TABERNA EXTREMEÑA

OPINIONES | LA TABERNA EXTREMEÑA

/ FOURSQUARE

"Un tercio + tapas a 1,50€ y me pusieron unos boquerones que están para morirse! Recomendado"

Todos tenemos un bar así, y como extranjero, no escribo sobre La Extremeña para alabar las virtudes del bar de barrio con la esperanza de que los españoles empiecen a frecuentar sus mesas (ya me ha tocado esperar 40 minutos a que me sentaran en un par de ocasiones), sino que simplemente doy las gracias aquí a un pequeño local de gente muy trabajadora que se dejan la espalda día tras día para dejar satisfechos a sus clientes sin buscar la fama, lo cual para mi es incluso más impresionante que ninguna estrella Michelín. El nombre ‘alta cocina’ implica un grado de superioridad, pero para mis gustos, no hay experiencia mejor que una tarde con amigos, acompañados por una caña helada y unas raciones generosas en La Extremeña.

 

firma-DerekDerek Stieren
Portador de Apetito
Americano.

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