Vinos contra la moda

Lo habrán visto, todas las revistillas de moda, magazines femeninos, suplementos dominicales. Facebook, Instagram, o cualquier cosa de esas si sois milenarios de esos. Los vinos rosados son tendencia. Podemos ver a todas las celebrities del momento compartiendo sus rosaditos, todos los medios hablando de esos nuevos vinos.

Esos nuevos vinos que llevan siglos haciéndose, y que aunque parezca que los han inventado en el Nikki Beach de Saint-Tropez, ya se hacían hace muchos años en la Provenza y en muchos otros sitios de España, sin ir más lejos siempre han gozado de cierta fama local los claretes de San Asensio y alrededores.

Pues bien, aquí no vamos a hablar de esa nueva moda sino de aquellos vinos que algún día fueron populares pero que ningún iluminado pudo publicar en Instagram.

Como tampoco me quiero pasar de gafapasta, hablaremos de vinos que hoy en día pueden seguirse bebiendo más o menos igual que cuando estuvieron en su apogeo. Tampoco quiero dármelas de listo y hablar de las famosas garnachas del pueblo de Fuencarral, los Canary Sacks que reverenciaba Shakespeare o el Falerno, favorito de los patricios romanos, hablamos de vinos que siguen existiendo.

Allá vamos:

FONDILLÓN ALICANTINO. Empecemos cerca, con el otrora famoso fondillón de Alicante, con amplias referencias entre lo más granado de la literatura europea entre los siglos XVI y XVIII. Un vino tinto, elaborado con la uva monastrell, generalmente semidulce y envejecido durante un mínimo de 10 años en grandes toneles. Con una graduación entre los 16 y los 18 grados, pero obtenidos íntegramente del azúcar de la uva, sin alcohol añadido como en se hace con el Oporto. No son muchas bodegas las que lo siguen haciendo, pero afortunadamente sigue existiendo.

BANYULS. Recién cruzamos los Pirineos, por su parte catalana, nos encontramos el banyuls, al lado de donde como canta Serrat murió el poeta. Un vino dulce, elaborado añadiendo alcohol para parar la fermentación, al modo de los Oportos. Esto da vinos de entre 16 y 18 grados, generalmente tintos y generalmente elaborados con garnacha. La peculiaridad de estos vinos es que, en sus casos más clásicos, los llamados rimage se envejecen en damajuanas, unas garrafas de cristal donde envejece el vino a la intemperie, expuestos al frío y al calor, lo que da un aire enranciado curioso y ciertamente old fashioned.

VIN JAUNE. Un poco más arriba de Francia, cercano a la frontera Suiza, en el Jura que un día fue español, tenemos estos vinos amarillos por su nombre en francés que tienen cierta ligazón con España. Este vino amarillo es un primo lejano de nuestros finos y manzanillas (vinos también fuera de modas, aunque poco a poco recuperando terreno). Y hablamos de similitudes pues la elaboración es ligeramente parecida, es decir, dejando la barrica no completamente llena, lo que propicia que haya un espacio de aire. En la superficie se crea una capa de levaduras llamado velo de flor en Jerez y sous voile en francés que protege al vino de la oxidación y le da sus característicos aromas de nueces y otros frutos secos. Un vino elaborado con la local savagnin que en tiempos fue muy famoso y que hoy, aún prestigioso, no es demasiado conocido, incluso en el país vecino.

Velo de flor

ASIRTICO DE SANTORINI.  Esta bella isla griega, donde seguramente se harán muchas fotos para lucimiento en  redes sociales, es la cuna de uno de los grandes vinos desconocidos de Europa. El Asírtico. Este nombre extraño (tendrían que verlo con grafía griega) es el de una uva local, cultivada en suelos volcánicos y protegida del viento por un peculiar sistema de cultivo. Uva blanca poseedora de una acidez superlativa que evoca a los grandes vinos blancos de latitudes más norteñas y que combinada con los suelos volcánicos produce unos vinos minerales, frescos y muy originales.

Peculiar sistema de conducción de la viña, formando cazuelas para proteger a la uva del viento.

MOSCATO DE PANTELLERIA. Y nos vamos a otra isla. Será por el aislamiento pero algunos de los vinos más curiosos de Europa se hacen en islas (el editor me abroncaría si me extendiera mucho más, pero deberíamos incluir los vinos de Lanzarote, La Palma o Córcega aquí). En este caso a la pequeña isla siciliana de Pantelleria, aunque está más cerca de Túnez. También isla volcánica donde se elabora un vino llamado moscato pasito di Pantelleria, elaborado como es fácil suponer con la uva moscatel, llamada localmente zibbibo, un nombre de orígenes árabes. Estos fueron los que introdujeron el cultivo de la uva y la pasificación. Y es con uvas pasificadas como se elabora este vino dulce, de reflejos ámbares y que muestra muy bien la dificultad del terreno donde crece: árido y ventoso.

MONTILLA-MORILES. Acabamos de vuelta en España con una zona conocida pero muy poco valorada, la cordobesa Montilla-Moriles, y dentro de esta, destacaremos el amontillado, su vino más prestigioso. Aunque ahora sean más famosos los amontillados jerezanos, parece que origen está en Montilla, de vinos que se dejaban añejar más tiempo y se amontillaban. Este tesoro enológico al que todo un Edgar Alan Poe le dedicó uno de sus más famosos cuentos: La bota de amontillado. Esta denominación andaluza aún sigue haciendo algunos amontillados fenomenales, auténticos vinos de clase mundial, a un precio casi de risa.

Y ya nos despedimos, con estos vinos que en su día fueron trendy y que ahora parecen un poco olvidados por los gurús y por las revistas de tendencias. Anímense a buscarlos y probarlos. Y no olviden la foto, claro.

 

Aitor Alegría
Colaboración

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