Ataque de cordura

En el autobús, camino del trabajo, una frase provoca la reacción. Es una frase vulgar, una frase cualquiera, como hace frío hoy o qué tal está tu madre. Pero ella mira por la ventanilla con asombro y de repente no entiende qué hace allí y las conversaciones se le hacen ilegibles. Entonces advierte que la gente se levanta; baja y los sigue. Ya en la acera, ella vacila, permanece quieta, a su alrededor una masa difusa de personas, objetos y sonidos discordantes; solo el cielo allá arriba, claro e inmóvil, le parece armonioso. La empuja un hombre y aunque no comprende sus palabras, hasta ella llega una oleada de furia y ruido que le hace temblar. Cierra los ojos con fuerza durante unos instantes y al abrirlos la realidad muestra su apariencia lógica habitual, cada pieza en su sitio. Suspira—llega tarde—, se incorpora a la multitud y se deja ir.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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