Clase práctica

Desde Primaria aprendían a hacer el muerto. Cerraban los ojos cuando se lo ordenaba la maestra y permanecían quietos durante una o dos horas. Dejaban que sus miembros adquirieran esa frialdad rígida para adentrarse en la no existencia. Aunque oían los ruidos del exterior, los lloros fingidos de la profesora o la voz de sus madres pronunciando sus nombres, vencían el deseo de abrazarlas y de salir a jugar al patio. Después, cuando la clase terminaba, respiraban con fuerza, el aire dentro y fuera como un fuelle y los ojos asombrados. Hasta que cayó la bomba y llegó el silencio.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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