De profundis

Anane se llama así porque es el cuarto hijo. El cuarto y último. El último y el único que queda. El único que queda y se va. El que se va con promesas de cartas a la madre y fortuna. El que va en busca del oro europeo. El que va a Europa en busca de la suerte tan esquiva. El que paga el viaje a cuenta. A cuenta de un cuento que le han contado. Y llega el día, en la patera otras treinta caras. Y la noche para navegar, y la luna oscura para que no les vean, y las olas, y la mar. Y la mar picada, y las olas cada vez más altas, y el sálvese quien pueda. Y flotar, y el frío, y los párpados que se cierran. Anane el cuarto hijo, despierta en lo profundo y allí hay gente, mucha gente. Niños, mujeres y hombres. Y hasta su primo Chioke, que nunca escribió y que algunos pensaban que se había hecho rico y ya no quería saber de su familia, viene a su encuentro flotando, lento y extraño como un reflejo en un charco. Y le abraza y le presenta a todos, y le invitan a quedarse en su ciudad submarina. Allá abajo, en el abismo.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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