Ficciones o breve teatro en dos actos

Acto uno
Tuerce el gesto frente al espejo que le muestro, me dice que no sabe quién es «esa» y me abraza dándome la bienvenida a su mansión. Las enfermeras atienden, sin discutir, al nombre y la historia que les ha creado. Me muestra desde la ventana sus jardines y, como siempre, me presenta a la doctora como su hija. Una vez solas, se toma la comida y las medicinas con modos de lady inglesa. Bosteza, dice que está cansada y me despide con dos besos al aire. Desde la calle miro hacia su ventana y la veo atisbar tras las cortinas, me ha parecido que movía los labios, me ha parecido que me decía adiós.

Acto dos
Después de cada visita regreso al trabajo, asisto a la reunión con el nuevo jefe de proyectos, me entero de los últimos cotilleos mientras bebo un café de la máquina y sonrío, sonrío, sonrío. Voy al gimnasio y me observo correr sin moverme del sitio. Pido cita para teñirme el pelo la semana que viene y recojo a los niños. Ejecuto los movimientos cotidianos con precisión de acróbata; saltos mortales y piruetas para nadie. Después del beso contado de buenas noches, intento dormir y no puedo, no puedo, no puedo. Al fin lo consigo y sueño con la jornada recién terminada. Por la mañana, cuando todo comienza, no sé si estoy dormida o despierta, despierta, despierta.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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