La importancia de llamarse Jack

 

Un día los hombres echarán la vista atrás y verán que conmigo nació el siglo XX (Jack el Destripador). Desde el infierno de Alan Moore
El gato de mi vecina se llama Jack, es marrón y sus ojos grises me escrutaban de una forma que me hacía sentir estúpida. Una vez le regañé por marcar con su olor penetrante mis azaleas. A partir de ese momento comenzó a dejar presentes en el felpudo de mi casa:

escolopendras, gorriones o ratoncillos medio muertos. Yo había discutido  a menudo con mi vecina por culpa de Jack, pero el minino empezó a caerme bien y ya no me sentía una imbécil cuando me miraba fijo a los ojos. Le dejaba entrar en casa y le daba bocados gourmet para gato que compraba en el supermercado ante el disgusto de mi novio que estaba harto de los regalos de Jack; más extraños cada vez. Decía  que el gato pasaba  demasiado tiempo en nuestro hogar. Y era cierto, con el  tiempo acabó adquiriendo la costumbre de  ovillarse  a mis  pies por las noches. Pero eso fue después de aquella tarde en la que mi novio y yo hacíamos el amor  mientras  Jack nos observaba desde la ventana, después de la discusión, después, también, del ultimátum, después de la maleta, la despedida y el portazo, después del globo ocular en el felpudo.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

Tal vez también te interese

Deja un comentario