La Machine

A HAL9000, in memoriam

Exilió la lavadora a la azotea porque ya no funcionaba; eso explicó a los vecinos. Pero no era por el traqueteo descontrolado al centrifugar ni por el jadeo de moribundo recalcitrante. La verdadera causa era la singularidad que mostraba la lavadora desde hacía unos meses. Para empezar le miraba, sí, le espiaba con su ojo ciego, como esos cuadros de los museos, esos retratos que te observan te coloques donde te coloques. Y no obedecía el programa de lavado. Maltrataba las prendas delicadas hasta dejarlas hechas jirones, sobre todo la ropa interior de su nueva amiga; o dejaba chorreando justo aquellos pantalones que necesitaba a la mañana siguiente. Eva le decía que estaba estropeada, que era demasiado antigua, pero él sabía que la lavadora estaba celosa. Incluso había intentado morderle al echar el suavizante. Empezó a guardar los folletos de los hipermercados en busca de otra lavadora más moderna. Una noche se puso en marcha ella sola y comenzó a liberar agua. Casi muere electrocutado. Por eso tuvo que hacerlo, tuvo que desconectarla arriesgando la vida en ello. La lavadora chisporroteaba y lanzaba crujidos, se tambaleaba furiosa. Cuando al fin consiguió desconectarla, le pareció escuchar un quejido. Un sonido sibilante. Aún lo escucha algunas noches, aunque Eva le diga que sólo son pesadillas, aunque le hablen de obsesiones o traumas de la infancia.

Esta mañana al tender la ropa ha descubierto un agujero en su camisa favorita. Al abrir el frigorífico se le ha caído una lata de cerveza en el pie y la máquina nueva desde su rincón en el tendedero mostraba una quietud acechante.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

 

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