Olores

Justo al  introducir la llave en la cerradura le da por girarse y  mirar el felpudo del apartamento de enfrente; hace tiempo que no ve a su vecina. Se acerca, el olor que se filtra por debajo de la puerta es más desagradable de lo habitual. Llama al timbre e imagina el sonido de  pasos de zapatilla arrastrada. Silencio; ni  siquiera los maullidos del dichoso gato. Permanece quieto unos segundos, casi sin respirar, luego chasquea la lengua, se da la vuelta y entra en su casa. Al rato sale con un ambientador de pino y lo fija a la puerta.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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