Una pareja normal

A Serafín le gustaban las mujeres grandes. Cuando digo grandes, quiero decir GRANDES. Su primera novia era digamos de un grande estándar, pero, según pasaban los años, le fueron atrayendo mujeres cada vez más altas, más anchas, mujeres en expansión como el universo después del Big Bang. No le duraban las parejas porque siempre tenía la sensación de que la mujer de sus sueños estaba por ahí, vaya usted a saber dónde, esperándolo.

Fue durante un viaje de trabajo a Portugal cuando la vio, en una azotea de cara al viento. Ella también le vio, pequeño desde allá arriba, y casi igual de pequeño cuando bajó a su encuentro. Posó la mano en el suelo con delicadeza y Serafín subió y se agarró con fuerza a su dedo pulgar, una corriente eléctrica zigzagueó desde el coxis hasta la cabeza y supo, supieron, que la búsqueda había finalizado. Fue tan intenso el beso que Serafín fue succionado al interior de su amada; ahora es parte de su flora bacteriana y a menudo recorre como un explorador intrépido cada rincón de su cuerpo. Ella siente burbujas en el estómago, o cosquillas en el pecho, pero lo mejor es los sueños que comparten durante la fase REM: en ellos son una pareja como tantas otras, del mismo tamaño, de esas que ven la tele, discuten o comen en silencio o pasean por el parque de la mano.

 

firma-rosanaRosana Alonso
Nació, creció,
se reprodujo y…

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