The Paul Simon Songbook: An Island never cries.

Corrían los primeros años del milenio y era verano, en Galicia también. Por aquella época los divertimentos estivales comprendían un amalgama de lo más variopinto: desde los últimos vicios a la Play Station a intentar hacer Surf en la playa de La Lanzada; de las primeras—y constantes— salidas noctámbulas hasta el día, a pasarse el día canturreando con la guitarra al son de acordes primerizos. En aquellos días éramos muy novicios en la música, pero ya no nos podían tratar como novatos. The Beatles, Led Zeppelin, The Doors, Oasis, Los Rolling… ya eran grupos que controlábamos. Por entonces aún tenía bastante peso la influencia de nuestros padres, y a grupos como Dire Straits o Supertramp, se unían otros como Los Brincos o recopilatorios de rancheras que a día de hoy siguen sonando en casa de mi abuela.

Pues aquel verano fuimos de compras a Pontevedra —lo cual era siempre un acontecimiento— y recuerdo comprar un CD de Simon and Garfunkel en directo. ‘¡Hombre, los de Puentes sobre aguas turbulentas!’, solían comentar nuestros mayores… Aquel CD de un concierto en 1967, me gustó desde la primera escucha. No era mi primer acercamiento a Simon and Garfunkel, pero sí la primera vez que escuchaba canciones que no fueran ‘The Sound of Silence’ o ‘Mrs Robinson’. Ese disco me acompañó durante toda mi juventud, siempre sonando en el coche de mi padre. Otros grupos fueron llegando a mis oídos y por supuesto, me maravillé indagando más a fondo en las armonías de Simon and Garfunkel. Pero hubo una duda respecto a aquel disco en directo que me persiguió durante años. Una de las canciones que más me gustaban, ‘A church is burning’, no aparecía en ningún disco del dúo norteamericano.

Siempre pensé que sería la típica canción que nunca editaron y que solo la tocaban en directo de vez en cuando. Pero un día, y no recuerdo cómo, llegó a mis manos un disco fechado en 1965 titulado ‘The Paul Simon Songbook’. En aquel disco no sólo aparecía aquella canción, sino que además aparecían muchas de las tonadas que años después llevarían a la fama a Paul Simon junto con Art Garfunkel. Allí estaban ‘I am a Rock’ o ‘The Sound of silence’, grabadas, eso sí, solamente por la voz de Paul Simon.

 

 

Desvelado el misterio, este disco se convirtió en la típica joya que sale a relucir cuando las conversaciones musicales derivan una batalla de ¡seguro que ésta no la conoces! Realmente, no se trata de una obra maestra, pero sí que es un disco muy especial y notable: una colección de canciones que inluye ‘April come she will’ o ‘Leaves that are green’ además de las míticas, no puede ser malo. Ya desde la portada, en la que aparece Paul Simon con su novia de entonces, a la que escribió una de las canciones más bonitas de la historia ‘Kathy’s song’, se puede apreciar la naturalidad que luego se confirma en todas y cada una de las composiciones que contiene.

Solamente se utilizó un micrófono para la grabación. Paul Simon grabó todas las pistas en Londres, donde viajó tras el fracaso del primer disco de Simon and Garfunkel en EEUU, para intentar hacer carrera en el lugar donde estaban pasando las cosas. Como os podéis imaginar, el disco no tuvo apenas trascendencia y se convirtió en una auténtica rareza con el paso de los años.

La mayoría de las canciones que contiene serían regrabadas por el dúo en el disco ‘The Sound of Silence’, otras, quedaron registradas de manera única en este Songbook, como la maravillosa ‘The side of a hill —de la que Simon tomaría parte de la letra para su versión de Scarborough Fair—. Sea como fuere, hoy me acordé de aquella tarde en la que sonó por primera vez aquel directo en el coche de mi padre y de lo bonito que fue descubrir esta extrañeza años después. Espero que lo disfrutéis y os dejéis maravillar por él.

 

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Sergio Alarcón
Y ahora si quieren bailar,
busquen otro timba

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