Confesiones indianas II: Yo también fui popi

La semana pasada, creo que el jueves, tuve uno de esos momentos en los que de pronto se te antoja algo. En mi caso, fue una canción, una canción de Sexy Sadie. Sin exagerar, podría decir que haría unos seis, siete, ocho años que no los escuchaba. Automáticamente, me acordé de mi amigo Miguel, al cual conocí en un concierto acústico de los mallorquines hace una pila de años… quizás trece o catorce. « ¡Mingui! ¡Estoy escuchando Sexy Sadie! Qué buenos, siempre me recuerdan a ti», le escribí. Tras un par de onomatopeyas me contestó bromeando: «Yo prefiero quedarme el buen recuerdo que tengo de ellos».

Realmente no volví a pensar en ello hasta hace un rato, cuando he recordado los acordes de una canción de La Habitación Roja mientras chapurreaba con la guitarra. Luego he pensado en algunos grupos más que solía escuchar cuando rondaba los veinte años, muchos de los cuales siguen tocando y haciendo canciones, pero que con el paso del tiempo fui dejando atrás. Varias de esas bandas ya ni siquiera suenan por los bares de Malasaña; pocas veces surgen en las conversaciones musicales, y cuando lo hacen, suele causar rubor o vergüenza reconocer cuánto gustaban a uno.

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Así que he empezado a escribir y ahora, mientras improviso las palabras, suena ‘Que no’ de Deluxe, que me viene muy a mano para no perder el hilo del post. No sabría decir a cuánta gente escuché renegar de Xoel López cuando empezó a cantar en castellano —es verdad que su primer disco en castellano era flojete—, algo parecido pasó con Sidonie. Al final a ambas formaciones les fue bien el cambio, y ahí siguen; aunque el sonido de sus primeros discos tiene un ‘algo’ especial que se dejaron por el camino: se podría decir que suenan ‘muy dosmiles’ —lo de no ser al menos de los noventa es un rollo para calificar la música temporalmente—.

No sé si existe ese sonido de los primeros compases del milenio, lo que es innegable es que fueron unos años de gran auge popero patrio de lo más diverso, y debates infinitos —y absurdos— sobre por qué Los Planetas sí o Los Planetas no, o si Nacho Vegas es un triste… A ver quién no se hartó de escuchar y cantar ‘On my mind’; o de emocionarse con las letras de Maga —aunque a veces nos costase entender lo que decían—, o chapurrear las letras de Cooper, siempre en su ‘era Pop’—creo que por allí sigue—. Luego estaban grupos como Standstill, que no casaban entre los popis más radicales; o Vetusta Morla, a quienes podías ver cómo se las apañaban para caber en escenarios enanos para tocar ante audiencias entregadas, pero mínimas.

 

 

Más allá de ponerme a contar batallitas de aquel entonces, o de comenzar un análisis musical sobre los desafines de unos y el talento de otros, prefiero proponer un puñado de canciones sin ninguna pretensión: algunas brillantes, otras más ligeritas y otras más absurdas, pero divertidas. Es una lista totalmente personal, que no se basa en ningún criterio más allá de que todo son grupos de por aquí que escuché y, en su mayoría, luego olvidé.

Aunque en el título diga que fui popi, en el fondo, lo sigo siendo y siempre lo he sido; al menos, desde que me enamoré de Los Beatles y se convirtieron en la piedra angular de mis gustos musicales. Quizás nunca fui un popi cerrado, pero si viví aquellos años muy metido en la escena popera. Aquellos días de rayas de colores, chapas de los Who, La Vía Láctea o el Free Way y la adoración absoluta del universo Amelie — Ay, aquel concierto que no gustó a nadie de Yann Tiersen en La Riviera…—. Esta lista va dedicada a mis amigos más poperos: a los que siguen al pie del cañón, a los que ya no visten de rayas, y a los que reniegan de ello. ¡Que la disfrutéis!

 

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Sergio Alarcón
Y ahora si quieren bailar,
busquen otro timbalero.

 

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