Eilen Jewell de vuelta por El Sol: Domingueo de altura

Seré sincero. Nunca había escuchado una canción de Eilen Jewell antes del domingo. Claro que podía haber tirado de cualquier artilugio de la modernidad para ponerme alguno de sus discos —que no son pocos—. Pero bueno, de vez en cuando es divertido ir a un concierto sin saber qué te vas a encontrar. Virgen. Sin prejuicios de ningún tipo. Y allá fuimos. Cual dominguero de la ‘música en vivo’ y con muchas ganas de saber quién era Eilen Jewell. Por conocidos sabía que su estilo estaba entre el country y el folk, pero la hora y media de concierto que ofreció en la Sala Sol demostró que su repertorio bebe de muchos más estilos. 

 

Con el cartel de ‘Sold out’ colgado en la puerta, Eilen Jewell saltó al escenario arropada por una banda formada por batería, contrabajo y una guitarra eléctrica que destacó desde los primeros compases. La cantautora de Idaho se mostró muy comunicativa durante todo el show, hablando en un más que correcto castellano mientras desgranaba todo su repertorio. La influencia del country y el folk en su música fluía en cada canción, pero también la del Rhythm & Blues y el Jazz añejo, con referencias a grandes como Bessie Smith o Willie Dixon entre sus héroes particulares.

Como comentaba al principio, no conocía la música de Eilen Jewell hasta el pasado domingo. Creo que por culpa de esta ignorancia mi sorpresa fue mayor ante los numerosos fans que arropaban a la cantante en la Sala Sol coreando no pocos estribillos. Pocas veces se ha visto un público más respetuoso y entregado en la mítica sala madrileña. Esto no lo digo de manera gratuita, si no porque fue increíble como el silencio se hacía en la sala cuando la artista bajaba las revoluciones. Ojalá fuera así siempre. ¡Muerte al postureo y las chacharas en los conciertos!

 

Como el que acude a casa de sus progenitores para disfrutar de la cocina tradicional, el concierto llegó a sus últimos compases con los cuerpos más que satisfechos por lo escuchado durante la noche. Llegó el bis y uno de los grandes momentos, cuando Eilen Jewell en solitario se armó de su guitarra para regalar una delicada pieza dedicada a su hijo. Luego llamó a la banda para poner el broche final a un concierto de los que emanan verdad y dejan los corazones henchidos. Ojalá todas las semanas pudieran terminar de esta manera. ¡Que vivan los domingos en el Sol!

 

firma-sergio
Sergio Alarcón
Y ahora si quieren bailar,
busquen otro timbalero.

 

Tal vez también te interese

Deja un comentario