El hechizo Buika

Si una imagen vale más que mil palabras aquí se acaba el post dedicado al concierto que el pasado sábado dio Concha Buika dentro de las Noches del Botánico en la Universidad Complutense de Madrid. Conecte su Spotify, pinche la imagen y abandónense al placer de los sentidos. Nada trasmite mejor la fuerza artística, el coraje racial, el feminismo sin demagogias, la furia española y la sangra africana que las imágenes de Víctor Fernández-Peñaranda.

Conocí a Concha Buika en 2006 de la mano de Roberto Azorín, en una fiesta que daba el productor Javier Limón con motivo de la presentación del disco Mi niña Lola. Madrid bullía y esa presentación era la guinda de otros tantos artistas y estilos que marcaron época: Falete con Amar duele, Diego el Cigala con Picasso en mis ojos, o Bebo de Cuba con Suite Cubana, El solar de Bebo y cuadernos de Nueva York.

 

Buika, la hija negra de Chavela Bargas, volvió a Madrid y volvió con su Niña Lola, Loca, con su carácter y soberbia, con su chulería y su garra, Jodida pero contenta, reivindicativa y valiente, Vivir sin miedo, y sin complejos, reivindicando la lucha contra la violencia de la género y el papel activo de los hombres, no contra ellos sino con ellos, el verdadero feminismo.

Un torbellino de sentimiento y pasión que durante dos horas desbordó alma y magia, de la copla al jazz, del dolor a la alegría, de la rabia al orgullo. Camaleónica, ángel y demonio. Las voces graves de muchas de las leyendas del jazz y el blues suelen deslizar una vida de dolor y sufrimiento, de angustia y decepciones, de amores perdidos y sueños destrozados. La voz áspera e intensa de Buika hechiza, entra en trance antes de pisar el escenario, gira la mano, mira su brazo, aparece el tatuaje del árbol de su madre, se le desgarra la voz, alcanza la nota y conquista al público.

 

Concha Buika derrochó energía y demostró lo que es: una nota libre, sin miedo. No hay frontera entre la música y la vida, son la misma cosa y por eso impresiona. Se siente cómoda en el escenario, conecta con el público, es diva y humana, mujer, madre y artista.

Cada canción, cada emoción y cada nota, tiene su imagen en la magnífica galería de Víctor, un trabajo tan personal que hace que se escuche la imagen, sientas la emoción de cada nota, el quejido y la alegría. Hechiza Buika, habla la imagen.

 

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