Un grupo llamado Badfinger.

Me he sentado con la idea de escribir sobre Badfinger aunque antes de plasmar estas primeras palabras, y como suelo hacer siempre que escribo cualquier cosa, me gusta pensar el título antes de nada. No acostumbro a rebanarme los sesos mucho, y en cuestión de unos pocos minutos en el peor de los casos ya tengo uno. Esta vez no ha sido muy diferente, aunque quizás penséis que es un encabezado un tanto simple. No obstante, hay un motivo. 

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Silvio Rodríguez, yo te doy una canción.

Tendría unos diecisiete años cuando escuché por primera vez una canción de Silvio Rodríguez. Por aquel entonces, la guitarra era un apéndice de mi ser que rara vez se separaba de mis manos. Día tras día, al llegar del instituto, me dedicaba a tocar y tocar hasta que llegaba el fin de semana; en ese momento, salía de casa con la guitarra lloviese o tronase, para seguir tocando y canturreando por los parques.

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El hiperrealismo sobre madera de Pablo P. Rodríguez.

De Rodríguez en Rodríguez. Si en nuestra última entrega de reseñas hablábamos de un artista urbano nacido en Caracas (Michelín Rodríguez) y afincado en Monforte de Lemos, en esta traemos a otro artista que nació en Málaga pero reside en Barcelona. Pasamos de la calle al estudio, del stencil al lápiz de grafito y, sobre todo, a algo que nos ha llamado mucho la atención, de los muros de la calle a la madera como soporte para la creación.

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Michelín Rodríguez, mensajes urbanos

Su nombre es Miguel Ángel Rodríguez, es caraqueño y los que le conocen le llaman Michelín. Empieza en el arte urbano con el grafiti en la década de los 90 en Caracas, impresionado y lleno de curiosidad por las firmas y piezas que empezaban a aparecer con cada vez más frecuencia en las calles de la ciudad, piezas y firmas como la de Hase, Flow, Vaki, Ore o Jim entre otros.  En esa época conoció a

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The Paul Simon Songbook: An Island never cries.

Corrían los primeros años del milenio y era verano, en Galicia también. Por aquella época los divertimentos estivales comprendían un amalgama de lo más variopinto: desde los últimos vicios a la Play Station a intentar hacer Surf en la playa de La Lanzada; de las primeras—y constantes— salidas noctámbulas hasta el día, a pasarse el día canturreando con la guitarra al son de acordes primerizos. En aquellos días éramos muy novicios en la música, pero ya no nos podían tratar como novatos.

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Lunes, no te lo perdonaré jamás.

Si hay algo bueno que tiene un lunes a las siete de la mañana, cuando el despertador suena para dar comienzo a una nueva semana, es la facilidad de hacer mejores el resto de días que se han quedado atrás desde el lunes anterior. Por anodinos o rutinarios que hayan sido, todos ellos parecen mejores cuando suena ese maldito invento del demonio —en los últimos tiempos integrados en nuestros celulares—.

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¿Que no conoces el Pet Sounds?

Cómo recuerdo aquella pregunta, aquella tarde preveraniega en la que había acudido a mi cita semanal con Felipe, mi profe de guitarra. Creo que tendría unos dieciséis años; hasta entonces, para mí los Beach Boys eran lo que son para tanta gente: ese grupo de canciones playeras de manual que todo el mundo es capaz de tararear. “Pero esto no tiene nada que ver, aquí van más allá que cualquiera, incluso que los Beatles…”.

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Olores

Justo al  introducir la llave en la cerradura le da por girarse y  mirar el felpudo del apartamento de enfrente; hace tiempo que no ve a su vecina. Se acerca, el olor que se filtra por debajo de la puerta es más desagradable de lo habitual. Llama al timbre e imagina el

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Alejandro Cubino: insultantemente joven

Hace mucho frío en Madrid. Es posiblemente el día más gélido del invierno, y hemos quedado con Alejandro Cubino en pleno centro. Alguien se desliza cuesta abajo por la Plaza de Santa Bárbara con una fixed, se aproxima cruzándola con algunos derrapes para poder frenarla. Es él. Pantalón negro, zapatillas automáticas, gorro negro y cazadora de cuero; es insultantemente joven.

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Gema S. Nájera – Fotografías Pictóricas

A estas alturas en las que parece más que obvio que la mayoría de nuestras vidas oscilan entre lo digital y lo virtual, y, puesto que en laphille somos amantes de recobrar el arte de tocar, oler o mirar algo que se aleje de un 0 y un 1, al menos a ratos, nos ha parecido muy oportuno abrir esta sección con la última obra de Gema Sánchez Nájera. El proyecto «Fotografías Pictóricas» de la artista, nos

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Equilibrios

Las estadísticas así lo confirmaban: los dos últimos años habían bajado las donaciones de órganos para trasplantes. Las estadísticas también mostraban que los dos últimos años se habían reducido los accidentes de tráfico mortales. El Director recibió dos llamadas esa

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philleUS

GIF-Hello

 

¡laphille enciende motores! desempolva iniciativas y emprende un camino hacia la inspiración, la búsqueda de las cosas bellas, la comunicación y puesta en común de un montón de talentos unidos bajo un paraguas virtual mutante. Hemos elegido un año bisiesto porque sabemos que vamos a necesitar, por lo menos un día más, para poder mostrarte ¡todo lo que tenemos pensado!

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La Machine

A HAL9000, in memoriam

Exilió la lavadora a la azotea porque ya no funcionaba; eso explicó a los vecinos. Pero no era por el traqueteo descontrolado al centrifugar ni por el jadeo de moribundo recalcitrante. La verdadera causa era la singularidad que mostraba la lavadora desde hacía unos meses. Para empezar le miraba, sí, le espiaba con su ojo ciego, como esos cuadros de los museos, esos retratos que te observan

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Nora la pianista y otros casos de animales músicos.

¿Qué poder supremo se apodera de cualquier persona cuando ve a un animal humanizarse? Me refiero a esos bichos adorables de toda índole, capaces de hablar o manejarse con una tabla de skate mejor de lo que lo haría yo si no temiese morir en el intento; o esos otros que se bailan alguna de Michael Jackson, incluso esos otros que se hacen unos selfies de cuidado.

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Filosofía Gastronómica: Afilar el cuchillo

Un sábado a las 9:30 de la noche no hay nadie en el local, menos Lin, pero no quiere decir que no haya negocio. El hombre chino que podría tener o 25 o 38 años está a tope, con tres sartenes al fuego, docenas de makis a medio hacer, y tres bolsas más preparadas para la degustación de sus dueños afortunados.

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