Una tarde en el auditorio: Tchaikovsky y el orgasmo musical

Hay algunas cosas que están bien de ser pobre y dedicarse a la música. Para empezar, haces lo que te gusta y, normalmente, no existe un horario muy definido, lo que te permite hacer otro tipo de planes organizándote un poco. Por otra parte, al no tener mucho dinero, las preocupaciones respecto a éste se relativizan. Siempre pienso que si puedo pagar el alquiler y comer, el resto lo puedo guardar o bien emplear en pequeñas empresas. Por ello, cuando en octubre me sobraban unos pocos euros y leí por ahí: «Auditorio nacional, Tchaikovsky, concierto para violín, 20 de diciembre», no tardé mucho en actuar en consecuencia.

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