Deforme, mutante, grotesco. Ingrato, mucho más que tejidos

Sebastián Plaza, ingrato, es un artista chileno que trabaja el textil. De lo más interesante que descubrí en los últimos años. Le conocí por casualidad, como siempre, cuando me topé con su trabajo en las redes sociales. Y como un amor a primera vista, me quedé prendada al instante.

Hace unas semanas, charlamos durante casi dos horas (a través de notas de whatsapp, para salvar las distancias) y este es un resumen de lo que hablamos:

¿Quién es Sebastián? ¿A qué te dedicas, en qué estás trabajando actualmente?

Soy diseñador gráfico, trabajo en una consultora de psicólogos como director de arte. También soy diseñador de vestuario. A través de ingrato diseño piezas textiles experiementales. Ahora mismo estoy desarrollando un espacio a modo de taller, con idea de profesionalizar un poco más esta faceta.

 

¿Quién te enseñó a tejer? ¿Cómo nació INGRATO?

Mientras estudiaba la carrera de diseño gráfico, la mamá de mi pareja de entonces me enseñó a hacer crochet. Empecé haciendo cosas sencillas como grannie squares, gorros y cosas por el estilo. Después mi abuela me enseñó palillos (calceta), mi madre algo de costura… y poco a poco otras personas fueron sumándose a enseñarme nuevas técnicas.

Entonces empecé a producir mucho material y coincidió con la elección de dos asignaturas optativas en la carrera: una de diseño de máscaras teatrales y otra de tejidos (punto, crochet, telar…) Comencé haciendo máscaras de cerámica con textil y después sólamente lana. Para uno de los exámenes tenía que hacer un corpóreo y ahí me di cuenta de que me apasiona mucho más el diseño de vestuario; porque me permite sacar las cosas más interesantes que tengo dentro. Puedo experimentar con los materiales, texturas, el color, etc.

Así nació ingrato, de una forma muy natural. Hacía tiempo que tenía la idea de generar este personaje tejedor, pero hasta entonces no tenía nada sólido.

 

Trabajas con máscaras, corpóreos.. incluso tu última colección se llama ‘Corporeality’ ¿Qué significa para ti trabajar con el cuerpo? ¿De dónde nace esta inquietud?

La verdad es que lo de trabajar con el cuerpo es algo diario, explicarlo es bien particular. Recuerdo que cuando empecé con todo esto de la máscara, el cuerpo, estaba pasando por una etapa en la que me gustaba mucho la producción de vestuario, pero me perturbaban los parámetros que había que seguir para poder ser parte del mundo de la moda. El tipo de belleza que siempre hay que estar proyectando, ya sea en revistas, desfiles, etc. Entonces empezó un poco mi tema de darle más valor al propio textil antes que al cuerpo, que es el lugar donde se expone el textil.

A partir de ahí empecé a trabajar mucho con el tema de los corpóreos, de anular todo tipo de forma del cuerpo, de silueta, cualquier cosa que dé una idea de que sea algo humano. Siempre trato de convertir todo en algo un poco más orgánico, deforme, mutante… a veces hasta grotesto. Me gusta trabajar con el tema de la sexualidad también, de cómo algo sexual puede ser más llamativo que algo que no lo es tanto.

Es muy experimental todo, la verdad, como que siempre voy encontrando nuevos mensajes. Las formas van saliendo: dependiendo de quién se lo ponga, de las convesaciones que surjan, aparecen nuevos mensajes. Intento que sea algo bastante interactivo y, finalmente, el significado se lo da más la persona a la que le llama la atención que lo que yo quiera comunicar con ello. A mi las piezas me nacen y no las pienso, ni siquiera las dibujo. Así es como quedan y no las intervengo; trato de que sea un trabajo que de verdad venga de adentro mío.

Procuro no darle demasiadas vueltas ni trabajar para un público objetivo, que ahí es cuando se empieza a perder un poco la esencia del tejedor, diseñador, artista… Trato de que todo esté completamente fuera de cualquier tipo de estructura. No me gusta diseñar por encargo, me gusta que las piezas vayan surgiendo.

Pero bueno, hay muchos aspectos, conceptos, que van apareciendo y es bien difícil definirlo.

 

¿Qué es para ti el acto de tejer? ¿Qué aporta esta perspectiva artesanal a tu trabajo como diseñador?

Bueno, no sé si será algo que me limite, pero, a nivel de producción es complicado generar piezas porque, claramente, tienen mucho tiempo de trabajo. La idea es un poco esa, en definitiva: generar piezas de vuestuario a través de las que uno reflexione acerca del proceso, del hecho de que detrás de cada prenda que vestimos hay personas que trabajan y están muchas horas produciendo.

Ahora hay demasiada contaminación, especialmente con el tema del fast fashion y la sobreproducción de ropa de mala calidad, confeccionada con materiales tóxicos. Trato de enforcarlo en ese sentido para poner de manifiesto que, en verdad, no le estamos haciendo ningún bien al mundo con la explotación de materia prima sólo para la producción de ropa. Ropa mala.

Para mí es como demostrar que, en verdad, todos tenemos manos; todos tenemos habilidades de todo tipo y el acto de tejer va por ese camino. Muchas personas cuando me ven tejiendo me comentan «uy, qué difícil» o «qué valiente, tejiendo en público siendo hombre» (que ahí también entramos en el tema de que por ser varón no me corresponde hacer este tipo de labores… es otro lado de todo esto). Tejo para demostrar que la confección lleva mucho tiempo, sí; pero es algo que se puede hacer: conseguir los materiales e invertir tiempo en crear algo porque quieres hacerlo.

En paralelo a eso, el tejido es una terapia que me calma siempre. Me quita el enojo, la ansiedad… Al final, gano por todas partes: comunico, me relajo, produzco una pieza… Hay muchas aristas desde las que se puede tomar el acto de tejer.

 

Precisamente sobre eso quería preguntarte ¿A qué crees que se debe el boom de los hombres tejedores en latinoamérica? ¿Cómo vives tú esta experiencia?

Lo de hombres tejedores creo que tiene alrededor de casi dos años. Claudio comenzó con los talleres específicamente para hombres, con idea de crear un espacio donde se sintieran más cómodos, sin ser juzgados por ser hombres tejiendo. Luego surgieron los talleres en exteriores que atrajeron muchas personas y mucha prensa. El año pasado fue un período muy activo.

La idea es reflexionar en cuanto al género y demostrar que en verdad los hombres heterosexuales, homo, trans… todas las opciones tienen el mismo derecho a realizar labores de cualquier tipo, sin ser criticados o mal vistos. Creo que la idea de todo esto es generar conciencia de cómo las familias que viven en una cultura machista crían a sus hijos mostrándoles cosas que en verdad son destructivas a largo plazo; porque los limitan, los vuelven personas violentas, discriminadoras… Creo que hombres tejedores tiene mucho potencial en cuanto a eso y ha funcionado muy bien.

Yo no era parte de hombres tejedores hasta hace muy poco, que me invitaron a formar parte del área de dirección de arte: empezar a hacer piezas de diseño, ayudarles con las interevenciones… Es un colectivo grande, son 15 varones que generean todos estos encuentros.

Antes me producía mucha confusión el hecho de que fueran sólo hombres, exclusivamente, y que no estuviera abierto a mujeres o niños. Ahora tiene otro enfoque, completamente inclusivo: pueden ir familias completas, niños, niñas… todos los que quieran; porque, al final, la idea es que somos todos iguales y entre todos tejemos esta gran red. Es bello.

Tenemos mucho apoyo de la sociedad. Cuando hacemos los encuentro se acerca todo el mundo a preguntarnos qué estamos haciendo, a preguntarnos por los puntos… Si las cosas que hacemos las vendemos y dónde… Se genera una dinámica bien graciosa y entretenida. Es bacán.

 

¿Cuál es tu misión como tejedor, el máximo objetivo de ingrato? A propósito, ¿por qué ingrato? ¿De dónde surge este nombre?

Me encanta la última pregunta. El nombre nació porque cuando empecé a tejer estaba muy metido en todo lo que era producir cosas con las manos y no con el computador (aprendí bordado también, telar, obras técnicas más complejas) y me empecé a dar cuenta de que el trabajo del artesano es un trabajo ingrato. Es un trabajo despreciado, desvalorado y mal visto; a veces es como «ah, eres un vago, no tienes un trabajo estable».

Cuando uno produce como artesano, a menudo sucede que te piden rebajas, que les vendas mas barato, y al pedir ese tipo de cosas entiendo que se desvaloriza mucho el trabajo manual. Las pesonas pueden gastar millones de dólares en productos hechos por máquinas, pero, cuando se trata de algo hecho por una persona, está mal visto.

Me puse ingrato para simbolizar lo difícil que es crear piezas, trabajar con las manos e intentar vivir de ello. Prácticamente es imposible. Si uno que tiene ganas de viajar y conocer mundo, es muy difícil ser artesano y vivir con lo que te entrega el tejido, el bordado o la cerámica. Todavía se ve como algo muy hippie; o sea, si eres artesano, te estas cagando de hambre al final.

Creo que mi sueño en la vida sería llegar a hacer algún tipo de colección o producción de tejido tan potente como las que hacía Alexander McQueen: vestuario más rupturista, más protestante, que se burla de la moda misma. Poder convertirme en un diseñador de vestuario estable y sentir que soy capaz de conceptualizar y crear piezas impactantes. Cuando hice el vestido para la exposición en la London Fashion Week, me di cuenta de que producir piezas de alta costura, tomarse mucho tiempo para crear una sola pieza, da resultados increíbles. Lo que hice era como una escultura, nunca había hecho algo tan complejo, y me gustaría poder invitar a más gente a que participe de esto.

Me gustaría viajar a Japón, estudiar vestuario allá y aprender otras técnicas. Se me ocurren muchas cosas, la verdad, no sabría decirte. Me gustaría crear una colección potente y que comunique un mensaje especial.

Mi misión es tratar de visibilizar el tejido siempre, a diario: en los lugares donde estoy, con quién hablo, en lugares públicos… La idea es mostrar que tejer es una actividad tan normal como cualquier otra, como hablar por teléfono o estar en instagram; aunque no sé qué tan normal sea eso… Es como alimentarse. Creo que la misión de todos los tejedores es mostrar que somos humanos y que todavía podemos producir las cosas con nuestras habilidades; que las manos no sólo están para el teléfono y el computador. Demostrar que esto no es imposible, que sólo es práctica, tiempo. Y créeme que la ganancia vas a tener va a ser mucho más que esa sensación de «perder el tiempo en algo inútil», que es la visión que siempre se tiene de los tejedores o la gente que hace manualidades.

 

Sobre lo que comentas de visibilizar el tejido, volver a tejer en el espacio público, ¿sabes que una vez me echaron de un bar por calcetar?

Estoy impactado, no lo proceso… A mí todavía no me ha sucedido, pero imagino que acá tambíén debe pasar. Cuando estuve en Brasil conocí a las chicas de meiofio, un colectivo de bordadoras y tejedoras activistas que intervienen el espacio urbano; algo tipo yarnbombing, pero con mensajes muy explícitos. La policía se las lleva detenidas cada dos por tres.

Por eso siento que en todos los países hay que unirse. El año pasado, concretamos con la gran mayoría de marcas y proyectos chilenos relacionados con el tejido la idea de formar el movimiento Tejedores Unidos, para frenar el cierre de Paseo Rosas. Es un mercado al que acuden todos los tejedores, artesanos y diseñadores de Chile para abastecerse de materiales. Lo iban a cerrar para convertirlo en un centro comercial y al final conseguimos que eso no sucediera.

 

Si quieres conocerle aún más, puedes seguir su trabajo en instagram.

 

firma-veroVerónica * La Mujer Araña
¿crear o no crecer?

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