¿Podrías vivir con sólo 33 prendas en tu armario?

Comprar artículos de producción local, rechazar la bolsa de plástico en el supermercado, rellenar agua en una botella de vidrio en lugar de consumir tantas desechables… Cada vez son más las iniciativas orientadas a promover un consumo más sostenible y responsable; y es que el planeta se agota y todos debemos asumir nuestra porción de responsabilidad en el asunto (al fin y al cabo, aquí vivimos todos, no?).

Afortunadamente, desde hace un tiempo, esta tendencia ha comenzado a extenderse al mundo de la moda; un sector que genera enormes cantidades de basura, tanto en el proceso de producción como de consumo.

Una de ella es el Proyecto 333, una propuesta de Courtney Carver que ha llegado a España gracias a Valentina Thorner (una de mis minimalistas preferidas). Esta iniciativa nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con la moda -ese ‘ente’ tan controvertido- y nos plantea un reto interesante: ¿serías capaz de vivir durante tres meses con tan sólo 33 prendas en tu armario? Estas con las condiciones:

  • 33 Prendas – Cada participante escoge 33 prendas y accesorios para utilizarlos durante tres meses, incluyendo zapatos y chaquetas. Deberán tenerse en cuenta ocasiones especiales (una boda, por ejemplo) y este vestuario formará parte de la lista como cualquier otra prenda.
  • Excepciones – Quedan excluidos el pijama, la ropa interior y la ropa de deporte; siempre que se utilice exclusivamente para hacer deporte (quienes usen el chándal para bajar al bar, deberán incluirlo en la lista 33)
  • Repuestos – Se podrán escoger tres prendas o accesorios adicionales, que se podrán añadir a la lista original en caso de que se done o tire alguna de las cosas de la lista (sólo entonces podrán usarse).
  • Tres meses – Durante este período deberá utilizarse exclusivamente la ropa de la lista y no se podrá comprar nada nuevo. Lo más práctico es realizar el experimento a lo largo de una temporada, para poder seleccionar sólo ropa de invierno o verano, según se necesite.

(Estas reglas son sólo una noción general; obviamente, cada uno puede llevarlas a su terreno y adaptarlas a sus necesidades, tampoco se trata de sufrir con el tema).

 

 

Y os preguntaréis, ¿por que iba yo a complicarme con nada de esto? Pues en primer lugar, porque propuestas como ésta son interesantes ya sólo por el hecho de invitarnos a tomar conciencia de lo que realmente tenemos y lo que realmente queremos. Bombardeados por anuncios y campañas de lanzamiento, vivimos con la sensación permanente de que nunca tenemos suficiente (ropa, libros, videojuegos, vinilos…) Pero, ¿esto es así de verdad? Siendo honestos, no. Todos sabemos, incluso los más austeros, que podríamos vivir con muchas menos cosas de las que poseemos. Al fin y al cabo, ¿poseer es tan importante? Éste es un buen experimento para ponerse a prueba.

Además, este tipo de ejercicios sirven para aprender a comprar mejor. En este caso, como la ropa tiene que durar mucho tiempo y se ve sometida a mayor desgaste, es importante que sea de buena calidad. Y es cierto que la calidad se paga; pero es que lo vale: la tela buena se paga, la dedicación se paga, la producción local que da trabajo en la zona se paga… Y así tiene que ser. Al menos yo no quiero seguir llenándole los bolsillos a un señor que será muy riquiño pero fabrica sus prendas en Asia o Latinoamérica, de forma masiva y descuidada; que le paga una miseria a sus trabajadores (y ya no hablemos de las condiciones laborales); que utiliza materiales que no resisten cuatro lavados… Y que luego me las vende con un margen de beneficio que ya quisieran muchos autónomos. No. Porque no es ese el mundo en el que yo quiero vivir; pero mientras yo lo siga comprando, seguirá existiendo.

Personalmente, aunque nunca participé en el proyecto a rajatabla, desde que leí la propuesta supe que había llegado la hora de ser más consecuente en este aspecto. Desde entonces, siempre que necesito comprar una prenda hago un pequeño análisis que me ayuda a decidir: ¿realmente lo necesito? ¿por qué? ¿lo voy a utilizar a menudo? ¿es versátil? ¿es duradero y de buena calidad? En definitiva, ¿vale la pena? Por cierto, que aquí estamos hablando de ropa pero estas preguntas se pueden aplicar a cualquier otro artículo…

Vale que no siempre te podrás permitir comprar lo mejor de lo mejor, pero cada uno es responsable en la medida de sus posibilidades; la cuestión es hacer las cosas con conciencia. En el caso de la ropa, existen otras (muchas) opciones para el consumo sostenible: la ropa de segunda mano, los mercadillos de intercambio, el upcycling o el ya popular do it yourself.

La cuestión es recordar que tampoco hace falta tanto. Los minimalistas viven según una máxima incuestionable: si algo no se usa durante un año entero, en verdad no se necesita. Entonces se dona, se recicla o se tira.

Quizás treinta y tres prendas sean demasiado pocas para algunos (por ejemplo, aquí en Galicia, donde casi todo el año es entretiempo y usamos más capas que cebollas); pero siempre se puede reducir un poco. La cuestión es intentarlo.

 

firma-veroVerónica * La Mujer Araña
¿crear o no crecer?

 

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