El Cabrón de laphille: Cataluña, España y otras ideas absurdas

Lo sé, yo también lo pensé. Creí que nunca más volvería. Se lo comenté a los mozos y mozas de laphille. «Esto del cabrón quizás no haya sido buena idea. En España hay mucho cabrón suelto, ¿para qué uno más?». Y sin embargo aquí estoy. Me fui de viaje fuera del país un mes. Necesitaba salir de tanta Cataluña y tanta bandera y tanto patriotismo y tanto mirar para otro lado y tanta mierda ajena salpicando al prójimo.

¿Queréis mi opinión de Cataluña? Joder, está tan manido el tema que esta era de la información ha agotado las posibilidades de formarse una opinión propia. Hay algo que es obvio. Los principales perjudicados siempre serán los que menos tienen. Mientras personas con muchos argumentos y muy buenas vestimentas juegan al Pilla-Pilla o al Teto, otros ven como su vida no cambia —ni cambiará— por ser español o catalán; identidades, por otra parte, que nada tienen que ver con el circo que está engordando a nuestros payasos patrios, también llamados políticos.

¿Nadie se ha dado cuenta del festín que es todo este tema para sus causas? Los del gobierno defienden una ‘Una grande y libre’; los independentistas ‘La República de Catalunya’. Ambas causas muy plausibles, muy vendibles a los miles de ignorantes que asolan nuestras ciudades y villas. No nos engañemos más. Como cantaba Leonard Cohen ‘Las fronteras son mi prisión’. ¿Nadie ha pensado que España también está cercada por unas fronteras? ¿Qué significan estos límites cuando las grandes empresas y entes de poder campan a sus anchas por el mundo decidiendo quién está dentro y quién fuera? Pero da igual, a muchos solo les importan ideales anacrónicos; repetir consignas que prometen la gloria del pueblo o un futuro mejor basado en cualquier premisa que miles defenderán ciegamente ante los de enfrente. La estupidez, desgraciadamente, tampoco entiende de fronteras.

De todas formas, esto es más palabrería nada novedosa. Obviedades vagas de una mente vaga como la mía. Hace rato que unos habrán dejado de leer y otros estarán regocijándose en sus propias opiniones, que tampoco son suyas. Lo más bonito es aceptar que todos somos borregos. Ser consciente de la inutilidad del discurso político puede ayudar a volver al barro, al origen primitivo del ser humano. Quizás haya que reventar el sistema como si cada uno de nosotros fuera un pequeño caracol, bastante ocupado con sus propios asuntos. Y así, poco a poco, crear una pequeña red de babas y mocos metafóricos que cada vez se haga más grande.

Unamuno dijo ‘El fascismo se cura leyendo y el racismo viajando’. Quizás haya que empezar por una calçotada en el Palacio del Pardo para olvidarse de todos los políticos que hablan en nuestro nombre sin decir nada. Luego quizás, quemar todas las banderas y borrar de nuestra memoria el día en el que nos asignaron la pertenencia a algún pueblo. Quizás tengamos también que olvidar el hijoputismo y la hipocresía en la que hemos crecido para así poder volver al principio. Solo entonces podremos declarar la independencia de nosotros mismos y comenzar con un grito aleatorio, por ejemplo: ¡SAPENCO!

 

firma-cabronEl Cabrón de laphille
¿No le acorta la vida
tomar tanto soma?

 

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