España, sactamente 23 de febrero de 2018

23 de febrero de 2018. Es costumbre que cada año en este día, desde 1981, se recuerde a un chaparro guardia civil con mostacho y verbo escueto entrando con las armas en alto en el Congreso. Ayer, el hartazgo de miles de pensionistas hizo que salieran a las calles de nuestro país para reclamar lo que es suyo —de todos, en realidad— tras una vida de sacrifico y trabajo, llegando en Madrid hasta las puertas del mismo edificio.

Edificio siempre custodiado por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, dentro del cual se encuentra el hemiciclo en el que se sientan los políticos electos en representación del conjunto de la sociedad del país. Señores y señoras, encabezados por un gobierno muy español y mucho español, capaces de ignorar las necesidades de un pueblo para debatir si el himno de España debe ser cantado por una artista de éxito que, en un momento de bajona en alguna playa de Miami, se acordó de esta España viva, esta España muerta, y puso letra a la melodía que suena cuando se alzan las banderas rojigualdas, teniendo presente a un Dios que murió hace ya tanto tiempo. Banderas que son bandera de muchos que se hacen llamar a sí mismos Buenos españoles; dejando claro que todos los demás no lo son. Estos, los malos españoles son, por ejemplo, los que se cagan en la corona y son perseguidos por ello, llegando incluso a ser condenados por la justicia, que es igual para todos. Justicia que lo mismo encarcela a artistas u opinadores reprobables, pero opinadores al fin y al cabo, mientras justifica la decencia de otros que roban al prójimo y pasean libres, como pudiera ser el caso del cuñadísimo del Rey y yernísimo del rey emérito. Rey que ya no reina, pero que sí cobra en diferido a través de su hijo El preparao, que a su vez lo hace de todo español que paga sus impuestos en España. El Rey demérito, campechano y libidinoso de todos los españoles. Descendiente de otros grandes tiranos que ya persiguieron, censuraron, encarcelaron y jubilaron en otros siglos a los que se oponían al sistema.

Quizás sea el momento de recuperar las calles y de olvidar las viejas consignas. Acabemos con la dislexia política que saca a relucir al paleto que vive dentro de todos y cada uno de nosotros. Quememos las banderas y destronemos a los borrachos de poder y verdad. La verdad no existe y la libertad tampoco, no en este sistema cuya base es la corrupción, la explotación del ser humano y de los recursos naturales. No dejemos nuestro destino en manos de quien solo ansía perpetuar los mandamientos de los mercados. Je suis un ser humano y tú también. También las personas que nos empeñamos en ensartar en concertinas o simplemente les decimos no, aquí no. Pero no te olvides de Haití, ni de Siria, ni de que nosotros también fuimos exilados… Recuperemos nuestra memoria histórica. Desenterremos a los muertos de las fosas y enterremos este mundo maleable y sin rumbo. Despertemos de una vez y dejemos de ser cómplices de nuestro pasado, presente y futuro. Españoles, Forges ha muerto.

 

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El Cabrón de laphille
¿No le acorta la vida                                                                                                                               tomar tanto soma?

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