Bōru Ceramics: la alquimia del barro

¿Qué es lo primero que piensas al ver una pieza artesanal de cerámica? Probablemente “!Qué bonito!” ¿Y al ver el precio?… “Uy! Qué caro”

Si es así, formas parte de una gran sector de la población que sufre de algo bastante común y desgraciadamente tiene un nombre: Desconocimiento. O acaso alguna vez te has preguntado por qué es duro, por qué es blanco, por qué, por qué…

Aunque usamos la cerámica todos los días -todos usamos platos y tenemos un inodoro- no sabemos qué es ni todo el trabajo que hay detrás de cada pieza. Pero tranquilos, después de pasar una tarde con Alejandro Martín de Bōru Ceramics, os lo vamos a desvelar. ¡Atentos!

Cada una de las piezas artesanales que realiza Alejandro requiere no sólo muchas horas de trabajo en la fabricación, sino también horas de investigación, ensayo error,  horas con las manos en el barro.

Alejandro estudió Derecho y fue estando en la universidad cuando conoció la cerámica de manos de una escultora, madre de una amiga. Probó, le gustó y empezó a hacer sus propias esculturas en casa. Llegó incluso a hacer una exposición, pero al terminar la carrera montó su despacho de abogados y fue el momento de aparcar la cerámica.

Pero al igual que el derecho le separó de su pasión, le volvió a acercar a ella; después de años trabajando en el mundo de la abogacía, decidió volver a tocar el barro para relajarse y así se dio cuenta de que esto era lo que realmente quería hacer.

Dio el paso, saltó al vacío -sí, eso que muchos pensamos pero no acabamos de hacer- y dio carpetazo a su etapa de abogado para ponerse con las manos en la masa.

Aunque es artista en muchos ámbitos –también trabaja la madera y el metal- la cerámica le ofrece la versatilidad de hacer tanto utilitario como artístico. Sus posibilidades son infinitas; es por eso que después de formarse con distintos cursos, encontró lo que quería hacer, cómo lo quería enfocar y así nació Bōru, una marca completa con mucho futuro y un trampolín para sus proyectos artísticos que nosotros ya estamos deseando ver.

 

 

Bōru significa cuenco en japonés, aunque en inglés puede aplicarse a una persona u objeto sexy -lo cual también aplica en este caso-. Y es que, aunque salta a la vista en la línea de la colección, Alejandro es un enamorado de la cultura oriental y su pasión por el detalle.

 

AM: “En Occidente no valoramos ciertas cosas como por ejemplo lo duradero. Podemos gastarnos 50€ tranquilamente de copas pero nos parece caro 45€ por un objeto que es único, una obra de arte, y que además nos durará toda la vida. Hay que darse el gusto de comprar cosas buenas, cuidarlas y disfrutarlas; vivimos en la sociedad del usar y tirar y preferimos comprar más y más barato.Hay que aprender a disfrutar de las cosas buenas.”

 

No podemos estar más de acuerdo. En mi opinión cualquiera de las piezas de esta colección tiene los valores de ser auténtica y exclusiva -mucho más exclusivas que el bolso más caro de cualquier marca de lujo-.

Alejandro tiene una cosa clara, quiere que la gente use sus productos, para lo que sea, pero que los use. Y con ellos podremos hacerlo sin el miedo a que se estropeen. ¡De aquí a veinte años podréis decir que no habéis roto un plato!

¿Cómo se consigue que los objetos cerámicos sean de buena calidad?

Pues con todo lo que nos contó Alejandro la conclusión es que es algo mucho más complicado de lo que nos planteamos –o que ni siquiera nos planteamos- cuando hacemos uso de ellos.

Todo el proceso que hay detrás es una cuestión de experiencia, de ensayo y error y es un aprendizaje, pero sobre todo un largo proceso de taller y de trabajo con la materia que vamos a utilizar.

 

 

 “ El barro es un material vivo prácticamente en todos sus estados. Incluso después de cocido, los esmaltes y los barros pueden moverse. Controlar los estados del barro es muy importante para evitar problemas posteriores. ”

 

AM: “Las piezas grandes por ejemplo, en el torno deben subir rápido. Si mareas la pieza, el barro se cansa y pierde el potencial de resistencia y estructura. Ya la manera en la que amasas el barro modifica las moléculas y cada vez que lo moldeas en el torno también estás variando su estructura molecular. El proceso de secado es también muy importante ya que durante este proceso existen contracciones en el material. Hay que secarlo de manera homogénea, favorecer ciertas zonas respecto a otras…”

 

Además del barro como materia base, las piezas de Bōru están esmaltadas. Alejandro elabora sus propios esmaltes junto con su madre que es ingeniera nuclear. La clave para su elaboración: su propia metodología, un montón de fórmulas y la materia prima.

Se elabora una base -bien blanca o transparente- a la que se le añaden los colorantes, que son los óxidos, y de cada uno de los cuales saldrá una textura. Unos burbujean, otros no…ciencia y más ciencia.

 

 

Alejandro Martín Calvo, Bōru Ceramics

 

Y con el barro por un lado y el esmalte por otro, llega el momento convertir el barro en cerámica, mediante el proceso de la cocción. Aquí llega uno de los elementos que más nos han impresionado: el horno. A la alta temperatura del mismo es donde barro y esmalte se fusionan.

 

AM: “El esmalte y el barro son dos individuos separados que siempre queremos poner a bailar juntos. Pero hay distintos tipos de individuos y también distintos tipos de barros y esmaltes. Si no se llevan bien, el esmalte partirá la pieza o viceversa. Cada uno reclamará su espacio y acabarán pisándose al bailar.”

 

Las posibilidades de jugar a las parejas son infinitas; los juntas, pruebas, pero nunca sabes lo que va a salir de ahí -es como el Tinder pero al calorcito del horno- , por eso los efectos, textura y colores resultantes son también  infinitos.

 

AM: “En cerámica hay muchos factores que cuentan: la humedad, el calor del horno, la materia prima e incluso la pieza que tenga al lado a la hora de hornearse. Una misma materia prima a misma temperatura y mismas condiciones no sale igual dos veces. ¿Por qué? Quizás porque en el segundo proceso en el horno hay una pieza al lado que reacciona y contamina la otra.”

 

 

 

“El barro es como una persona, necesitas empatizar con él para llegar a un entendimiento.”

 

Bōru conjuga lo bueno de una marca y lo bueno de un artesano. Es por ello que para crear una línea, una colección, y conseguir controlar el proceso lo máximo posible -aunque como dice Alejandro, el barro termina llevándote por donde él quiere, tienes que llegar a un acuerdo con él- es indispensable apuntar absolutamente todos y cada uno de los detalles. Cada pieza de cerámica está marcada. Todo debe ser anotado de manera  rigurosa, ya que el azar no es uno de sus aliados.

Trabaja con todos los elementos: la tierra, el agua, el aire y el fuego -en este caso el calor- y controlar los elementos no es tarea fácil. Para mí el resultado de su trabajo es una colaboración directa entre el hombre y la naturaleza.

Aunque reconoce que algunos errores son atractivos y te llevan por otros caminos -esta me parece otra gran enseñanza de la cerámica para aplicar a nuestras vidas- si no eres consciente de cuál ha sido el error, tampoco podrás replicar el resultado.

 

“Sólo el hecho de amasar el barro me evoca formas, me evoca sentimientos… es algo muy terrenal.”

 

Verlo amasar la materia nos demuestra que esto no puede hacerse de cualquier manera. Sus manos la amasan, la golpean, la esculpen, la acarician. Para él el hecho de que esto se haya realizado desde hace miles de años y perpetuar esa tradición es algo que le apasiona y dice sentirse conectado a esa historia cuando trabaja el barro.

También nos dice que tornear es como meditar, muy relajante. ¡Ay amigos! Sólo ver cómo lo hace ya es relajante. La suavidad con que el barro se mueve y obedece a sus sutiles movimientos -prácticamente imperceptibles- no tiene nada que ver con cuando me toca hacerlo a mí. Eso aparentemente tan sencillo requiere una concentración y un control del cuerpo absolutos. Aún así, tengo que darle las gracias a Alejandro por dejar que me llevase a casa un pedacito de este maravilloso arte que él hace, en forma de barro entre mis dedos.

Alejandro es un defensor de saltarse lo establecido y así lo estamenta en su página web, donde hace dos preguntas clave: ¿Por qué? y ¿Por qué no?. ¿Por qué no dar el salto a hacer lo que realmente nos gusta? ¿Qué nos ata a lo que debería ser y a esta sociedad de consumo de usar y tirar? A este artista desde luego no le ata nada, lo demuestra con creces en cada una de sus piezas en las que pone cuerpo y alma.

Ha sido todo un placer pasar la tarde en un taller donde hay tanto arte. Y he aprendido mucho, de la cerámica y de muchas otras cosas que nos ha contado Alejandro que entre otras muchas cosas como artista o científico me parece un valiente.

Me voy con muchas cosas en la cabeza pero lo que sin duda ya estoy pensando es qué piezas de su colección me voy a llevar a casa para continuar con ellas la historia que comenzaron en el torno. Y como lo que Alejandro quiere es que se usen, puede estar tranquilo que yo sí que los voy a usar. ¡¡Palabrita!!

 

Fotografías de Carlos Velasco

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“El gusto por las pequeñas cosas nos hace mejores”

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“ Se puede decir que la cerámica no es sólo arte, es también ciencia.”

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"El barro termina llevándote por donde él quiere, tienes que llegar a un acuerdo con él."

 

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Adicta a las siestas.

 

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