El día en que la revolución llegó al mundo de la moda

Hoy se cumplen cinco años del colapso del edificio Rana Plaza, una fábrica textil de Bangladesh; un accidente en el que murieron 1.138 personas. Este incidente sacudió el mundo de la moda y sirvió como catalizador de una reflexión que llevaba tiempo en el aire: ¿es esto necesario? ¿Hace falta que millones de personas vivan explotadas cosiendo trapos para el primer mundo? ¿Es necesario un ritmo de producción desmedido, que contamina el planeta y genera enormes cantidades de residuos? Afortunadamente, gran parte de la industria respondió que no, que ya no más, y así comenzó la revolución de la moda, nació el Fashion Revolution Day.

Esta iniciativa surge como un movimiento de cambio que pretende poner la industria patas para arriba y revolucionar por completo el mundo del textil: cómo se produce, cómo se distribuye y cómo se consume. Porque lo cierto es que todos formamos parte de esta cadena y, de hecho, los consumidores somos la clave.

Pero, ¿qué ha pasado? ¿Cómo se ha llegado a esta situación? Si no hace tanto tiempo lo más importante en el mundo de la moda era elaborar prendas duraderas y que sentasen bien, confeccionadas a medida, en las últimas décadas hemos visto cómo el apetito voraz de los empresarios dejó atrás este ideal tan romántico y comenzó a preocuparse por una única cosa: ganar más dinero ¿Y cómo lo consiguen? Fácil, produciendo más barato y vendiendo más artículos.

A estas alturas no hace falta dar muchas explicaciones sobre cómo consiguen las empresas producir más barato. El modelo está tan extendido que casi se podría incluir en el ‘manual del buen capitalista’: si quieres producir más barato, deslocaliza la producción al tercer mundo y pon a los pobres a trabajar por una miseria; total, no les queda otra que aceptar… Trabajan mucho, cobran poco y no se quejan. O sí, pero a ti qué más te da… Explotación de toda la vida. No olvides, tampoco, racanear en los materiales. Cuanto más baratos, mejor. Qué importa que sean una porquería y que el resultado final (o sea, tu producto) sea tan malo que se convierte en basura casi al instante… A ti lo que te importa son los beneficios.

Pero el consumidor no es tonto, necesita un incentivo para seguir comprándote… Entonces tú, empresario, te curras un plan de marketing que le convenza de que necesita siempre más; aunque sea una mierda, necesita más. “Exprésate a través de la moda”, “Forma parte de la tendencia”, “Si no estás a la última, estás fuera”. Y ya lo tienes hecho.

Por eso, la industria se esfuerza mucho en producir cada vez más colecciones y cada vez más rápido. Porque según los artífices de esta estrategia, la rotación del producto, la variedad de las prendas y la rapidez con la que son sustituidas, juega un papel muy importante en el incremento de las ventas: como siempre hay cosas nuevas, los clientes acuden más a menudo a las tiendas y compran más ¿Te suena lo de renovar el armario? Pues no hace falta que lo hagas cada semana. Ni todos los meses. Ni siquiera cada temporada.

Puede parecer que estoy tirando piedras contra mi propio tejado, al fin y al cabo, nuestro país es puntero en industria textil y muchas de las cadenas que han colonizado el mundo de la moda son Marca España. Pero, aunque todos ondeamos con orgullo esta bandera, también sabemos que el grueso de la producción ya no se desarrolla aquí. India, Brasil, Bangladesh, Marruecos… basta con mirar la etiqueta de cualquier prenda que lleves puesta para comprobarlo.

¿Alguna vez te has parado a pensar en las consecuencias de este modelo?

En primer lugar, deslocalizar la producción hace que se pierdan miles de puestos de trabajo de supuesta calidad. Sin ir más lejos, el sector textil en Galicia —histórico referente nacional ha quedado completamente desmantelado desde que todas las empresas (y son unas cuantas) se llevaron su producción al extranjero. Sí, tienen sus sedes aquí y generan muchos puestos de trabajo; pero son muchos más los que externalizan.

Obviamente, no se deslocaliza por altruismo. No se trata de ofrecer nuevas oportunidades ni de generar trabajo allí donde más se necesite… Se trata de beneficios ¿Tienes idea de cuanto puede cobrar una persona por coser una camiseta que tú compras por 2,95€? Ten en cuenta que, además del salario, en la cuenta tienes que meter el coste del material, el traslado desde la fábrica hasta la tienda, parte del salario de la persona que te la vende, costes derivados del mantenimiento de la empresa… Y, por supuesto, el beneficio del fabricante; que seguramente será el porcentaje más amplio, porque de lo contrario no me explico cómo se pueden hacer descuentos del 70% en temporada de rebajas.

No me malinterpretes, yo también he comprado (y compro, en la menor medida posible) ropa barata. Al fin y al cabo, como dijo alguien un día, hay dos pobres detrás de una camiseta de tres euros: el que la hace y el que la compra. Y en el medio el empresario, explotando ambas pobrezas en su beneficio.

Por otra parte, el hecho de abaratar costes recurriendo a materiales de peor calidad hace que estos productos sean altamente contaminantes. Por el propio proceso de producción pero, también, porque son de tan mala calidad que se convierten en residuos en muy poco tiempo.

A estas alturas, por suerte, ya es evidente que este modelo no es sostenible y tiene los días contados. Porque además de los inconvenientes del proceso de producción, está también la problemática de las tallas y los cánones de belleza que se promueven desde este escenario. Afortunadamente, la revolución de la moda es una realidad. Y es imparable.

 

 

¿Qué puedes hacer tú al respecto? En primer lugar, sacarte de la cabeza la idea de que es necesario ‘ir de compras’ todos los meses. Puedes vivir con muchísimas menos cosas ¡y lo sabes! Compra menos y de mejor calidad. Cuida tus prendas y alarga su vida útil: la ropa se puede acortar, estrechar, customizar… y casi todo puedes hacerlo tú mismo. Compra ropa de segunda mano, intercambia, dona la que ya no uses, recicla…

También puedes exigir a los fabricantes un modelo de producción más sostenible. La propuesta de la plataforma Fashion Revolution para esta semana consiste en preguntar a las marcas quién hace tu ropa; a través de las redes sociales, usando el hashtag #whomademyclothes. O directamente deja de comprarles y apuesta por proyectos que se esfuerzan por hacer las cosas mejor.

 

firma-veroVerónica * La Mujer Araña
¿crear o no crecer?

 

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